Hablando con Francés Boya Alós, Secretario General para el Reto Demográfico

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Esta entrevista ha sido publicada en Alternativas Económicas“Las mujeres son el gran activo del medio rural” | Alternativas Económicas (alternativaseconomicas.coop)

El Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos creó la Secretaría General para el Reto Demográfico para frenar la despoblación de la España interior y reducir los desequilibrios entre el campo y la ciudad. Al frente del departamento, dependiente del Ministerio de Transición Ecológica, está Francés Boya Alòs, un político socialista con décadas de compromiso en la defensa del medio rural y la cohesión territorial del país. Nacido y criado en el Valle de Arán, Boya está convencido de que los pueblos están ganando “el relato de la calidad” gracias a los avances tecnológicos y a que la ciudadanía aprecia cada vez más valores típicamente rurales como la solidaridad entre vecinos y el respeto por el medio ambiente.

¿Se está frenando la despoblación de las zonas rurales o se sigue marchando gente a la ciudad? ¿Qué dicen los últimos datos?

Los datos dicen que hay un incremento de la población rural, especialmente en los municipios más pequeños. Por primera vez, Madrid y Barcelona han perdido habitantes. Evidentemente, la tendencia está vinculada a la pandemia y, por tanto, es prematuro saber si se va a consolidar. En todo caso, es una buena noticia porque abre un punto de inflexión que tiene mucho que ver con el uso de las nuevas tecnologías y las posibilidades que ofrece el teletrabajo.

¿Qué medidas son las más urgentes para evitar que la gente abandone los pueblos y ayudar a que estos atraigan nuevos habitantes?

Estamos abordando varios elementos a la vez. Las políticas de reto demográfico son transversales: necesitamos conectar todo el territorio a 100 megas, a alta velocidad, y resolver el tema de la movilidad, que la gente se pueda desplazar en condiciones razonables. Nadie se plantea su proyecto vital en un lugar sin una buena conectividad telemática o física. Necesitamos resolver en muchos lugares el problema de la vivienda y mejorar la calidad de los servicios, en particular los más esenciales: la salud y la educación. Estas son las prioridades.

La falta de oportunidades laborales es uno de los motivos que alegan quienes se marchan a las ciudades…

No sirve de nada llegar con banda ancha y que al otro lado no tengamos emprendedores o actividad económica suficientes  que aprovechen el esfuerzo que hace la Administración por conectar esos territorios. Si no hay oportunidades laborales es muy difícil aumentar la población. Hay que mejorar todas estas condiciones e ir generando un relato para que los jóvenes retornen. Y no solo los jóvenes; también personas en edad adulta o jubiladas, y las mujeres. Hay que devolver el talento al medio rural.

Para que la gente del campo tenga los mismos servicios que la gente de la ciudad hace falta mucho dinero. ¿Hay voluntad política para gastarlo?

La voluntad política, por primera vez, existe. Se pueden criticar algunas políticas, pero por primera vez hay un gobierno que no solo ha hecho un diagnóstico de la situación, sino que ha pasado a la acción y ha creado una unidad ejecutiva para afrontarla, que es la secretaría que yo dirijo en el marco de una vicepresidencia. Al mismo tiempo, ha puesto en marcha un plan de 130 medidas y un plan de gobernanza de las políticas de reto demográfico con la participación de todos los actores sociales y todas las Administraciones. Y también ha diseñado una serie de herramientas para hacer posible este proceso de transformación. Evidentemente, no estamos ante un proceso rápido ni mágico; requerirá tiempo y la acción de sucesivos gobiernos. Pero por primera vez en España se ha asumido el desequilibrio territorial como un problema de Estado y se ha puesto en marcha una estrategia para darle respuesta.

¿Quién es?

Paco Boya, como es conocido entre sus colaboradores y amigos, nació hace 62 años en Les, un pueblo del Valle de Arán de apenas 1.000 habitantes donde sigue teniendo su residencia habitual. Durante su larga carrera política ha sido síndico del Valle de Arán, diputado del Parlament de Catalunya por el PSC y senador. Ha publicado varios libros en su idioma materno, el aranés, en el que se comunica con su familia y su entorno social. Entre sus aficiones está la montaña en todas sus vertientes: escalada, esquí alpino, esquí de fondo, bicicleta… También toca el acordeón en un grupo de folk.

Hay zonas rurales donde se ha invertido mucho dinero público sin éxito. ¿Se puede garantizar que las inversiones mejoran de verdad  la vida de las personas?

Es difícil, pero esto no pasa solo en el mundo rural. Hay muchos sectores industriales en los que se ha invertido mucho dinero público y no se han obtenido los resultados esperados. El plan de 130 medidas está invirtiendo 10.000 millones de euros en infraestructuras que van a tener un impacto muy positivo. Ahora bien, buscar una equivalencia absoluta del medio rural con el medio urbano sería absurdo. No en todo el territorio puede haber un tren, una universidad, una autovía. Se necesita una gestión razonable de los recursos públicos. Estamos trabajando en otra cuestión muy interesante: el mapa de las vulnerabilidades territoriales, para saber con precisión dónde no tenemos condiciones razonables y qué es necesario hacer para prestar mejores servicios. Tener un centro de salud es importante, como lo es tener atención a un accidente cardiovascular o a una patología grave a unos 30 minutos. Hay parámetros que nos sirven para racionalizar este proceso.

La ampliación del AVE y de la red de autovías ha reducido el tiempo de desplazamiento de los profesionales que atienden a la población de las zonas rurales, pero estos regresan a la ciudad tras hacer su trabajo. No quieren vivir en los pueblos.

En el fondo hay una cuestión cultural. Durante muchos años la ciudad se ha presentado como un paradigma de oportunidad, de vida social, de acceso a la cultura y a bienes que parecían reservados a los entornos urbanos. Eso, por suerte, ha cambiado, y tiene que cambiar aún más. Tenemos que seguir trabajando en acercar la cultura, la innovación y el conocimiento a los pueblos. Pero sí creo que el medio rural ha ganado el relato de la calidad y, por eso, se está produciendo ese éxodo, aunque sea moderado, de las grandes ciudades a los pueblos.

¿Qué ventajas tiene vivir en un pueblo hoy en día?

Yo vivo en un pueblo. Mis nietos, y también fue el caso de mis hijas, han podido ir solos al cole. Su patio de recreo ha sido la calle, la naturaleza, el bosque… Y qué decir de la calidad ambiental del entorno, donde no existe la contaminación. Esa calidad de vida está asociada a otra cuestión muy importante, que es la forma de vida. Lo digo con todo el cariño: las ciudades son, a menudo, resultado de un urbanismo puesto al servicio del mercado, y esto ha hecho que las personas tiendan a un individualismo un tanto feroz. Se ha perdido la esencia de la vida en comunidad. En un pueblo sabes quién es tu vecino, conoces el entorno, tienes el apoyo y la solidaridad de quienes viven contigo. Creo que esos valores vuelven a tener vigencia en una parte de la sociedad. Ese es el gran reclamo del medio rural para aquellas personas cuya situación laboral y familiar les permite apostar por este tipo de vida.

Los medios de comunicación transmiten valores muy urbanos y proyectan con frecuencia una imagen estereotipada de la vida en los pueblos. ¿Es posible cambiar esta imagen?

Sobre todo, creo que es necesario. Necesitamos aliarnos con los sectores culturales para escribir un nuevo relato de lo rural. El estereotipo que seguimos viendo en el cine y la televisión hay que combatirlo con una imagen diferente. España tiene una relación traumática con su medio rural. La gente abandonó los pueblos en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado en unas condiciones tremendas: el caciquismo, la pobreza, las políticas que concentraron las industrias en determinadas áreas urbanas… A diferencia de lo que ocurre en otros países, el reflejo de lo rural en el cine y en la literatura ha sido muy negativo. Lo que recordamos es a Paco Martínez Soria como elemento icónico de lo rural. Eso, por ejemplo, no ha pasado en Francia, donde la literatura regionalista de Jean Giono hizo lo contrario: exaltó los valores del medio rural. Eso se nota en cómo las dos sociedades miran a sus respectivos entornos rurales.

¿Por qué se marchan las mujeres de los pueblos más que los hombres?

Las razones son diversas. Hay algunas de carácter sociológico que tienen que ver con la imagen que describía hace un momento. Aunque las condiciones de vida en el medio rural han mejorado muchísimo, si hablamos de oportunidades, en el caso de las mujeres es más evidente el magnetismo que ejercen las ciudades. Es un entorno donde la socialización es mucho más fácil y donde la mujer puede encontrar más alternativas y quizá también más equidad. Pero dicho esto, las estadísticas muestran que las mujeres del mundo rural son las que más están emprendiendo; son el gran activo que tiene el medio rural. Los pueblos tienen que ser un entorno amable para la mujer, y esa es una cuestión en la que las Administraciones tienen que implicarse.

La supervivencia de la agricultura y la ganadería es clave para sostener la vida en los pueblos. ¿Es posible con el actual modelo de consumo, dominado por la gran distribución y la importación de alimentos desde lugares lejanos?

La ocupación territorial en España no tiene parangón. Prácticamente, el 80% de la población vive en el 20% del territorio. Hay una densificación urbana que no es razonable. Las ciudades tienen que entender que buena parte de su sostenibilidad va a depender de ese medio rural. Hay un viejo eslogan que dice: Nuestro carro de combate es el carro de la compra. Es muy importante tener ciudadanos concienciados que consumen productos de proximidad, que saben que con el producto que están consumiendo están ayudando a una cooperativa agraria, que son conscientes de que su consumo tiene un impacto directo más allá de su entorno urbano.

¿De qué manera pueden los habitantes las ciudades ayudar a mejorar la vida en el campo?

Insisto: lo fundamental es la conciencia ciudadana. Comprar determinados productos que contaminan nuestra atmósfera o construir zonas residenciales en torno únicamente al consumo, con grandes superficies comerciales, es un modelo muy poco sostenible. Lo razonable es que en el centro de las políticas de diseño de las ciudades y los entornos rurales pongamos los valores que tienen trascendencia y que no únicamente pensemos en el mercado, sino en los ciudadanos, el medio ambiente y la calidad de vida.

El Gobierno promete destinar 10.000 millones de los fondos europeos a combatir la despoblación rural a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. ¿Cómo se van a repartir?

Ya se están repartiendo. En el pasado ejercicio ya se hizo una inversión de 3.000 millones de euros; este año van a ser 4.200. Hay una parte del reparto que la hacen las comunidades autónomas, prácticamente el 50%, y otra que está haciendo la Administración General del Estado, en líneas de ayuda que, por primera vez, son específicas para municipios de menos de 5.000 habitantes. Son programas que tienen que ver con la eficiencia energética en edificios públicos y privados. Hablamos también de proyectos de turismo sostenible: más de 200 millones de euros han ido a municipios de menos de 5.000 habitantes. El programa UNICO de extensión de la banda ancha tuvo el año pasado una inversión histórica de 250 millones de euros que nos va a dejar con el 93% de hogares conectados. Hemos puesto en marcha la mesa de la movilidad rural y en lo referente a la ayuda a los cuidados en zonas con población diseminada ha habido prácticamente casi 200 millones de euros en las últimas convocatorias. El dinero está entrando en acción.

Teruel Existe tiene un diputado en el Congreso y a las elecciones de Castilla y León se ha presentado en cinco provincias una candidatura que afirma defender los intereses de las zonas poco pobladas. ¿Van a conseguir que haya un mayor compromiso político a la hora de afrontar el problema?

Pienso que no, y lo digo con todo el respeto: no se puede hablar de política y hablar solo de infraestructuras. La política son muchas más cosas. Es exigible a una opción política que se presenta a unas elecciones que diga si al medio rural le interesa más una política liberal o una política socialdemócrata, si es más interesante que en el medio rural esté presente lo público o únicamente los criterios del mercado. Es decir, si la educación y la sanidad tienen que ser públicas o privadas. Esos elementos no se pueden soslayar. No se acaba todo con el AVE o con la fibra óptica. Hay cuestiones de fondo que tienen que ver con la ideología, con la orientación política de los Gobiernos. Sin unas instituciones y unas políticas públicas muy sólidas el mundo rural lo tiene muy difícil. En términos de competitividad de mercado, el mundo rural ha digerido muy mal la globalización. El medio rural necesita políticas públicas, y esas políticas públicas las garantiza la socialdemocracia. Al mismo tiempo, en términos generales, yo diría que a España no le conviene seguir fraccionando las instituciones en unos procesos que nos pueden  llevar a un país ingobernable.